Mi primera vez en grupo

Fue hace unos años en un regalo de aniversario, convidado por mi pareja para un acontecimiento muy exclusivo en una parte muy cara de Londres; una celebración organizada de sexo con chicas jovencitas.

Me hallé inquieto cuando llegué al vestíbulo con cristales de vidrio, fue indudablemente el más exclusivo y, como tal, tenía ganas de dar una buena impresión, tanto por el bien de mi pareja como por el mío propio.

El respeto es la clave en un evento xxx de este tipo y más con un acontecimiento de esta clase. Los buenos modales son esenciales, y hay reglas estrictas que han de ser obedecidas para cerciorarse de que todos están seguros de que quieren lo mismo, hay que ser responsable pero divirtiéndote. Esto es, básicamente la clave del éxito en las orgias.

Las reglas se pactan normalmente por adelantado, y en este estaba prohibido que un hombre se acercase o empezara una charla con cualquier mujer sin su pareja. Si una de las mujeres está interesada será ella quien se aproxime a ti y no al revés.

Mi pareja y yo entramos en el ascensor de acero inoxidable y ascendimos desde el vestíbulo de la planta de arriba. Nos besamos y sentimos un alivio, se abrieron las puertas abiertas y accedimos a una sala de color púrpura y cromo con una alfombra gigante roja.

Fue impecable; el terciopelo púrpura se extendía desde la mitad de la alfombra por las paredes, donde fusionaba con espéculos que alcanzaban el resto del camino hasta el techo. La iluminación era suave y la música sosegada fluía a nuestro alrededor. Se sentía más como un bar de copas que un sitio para una orgía.

Rápidamente nos hallamos con una mujer que nos pidió nuestros nombres y los comprobó de una lista, ahora, tomó nuestros abrigos y en voz baja y con educación estableció las reglas de juego, nos acompañó mediante unas puertas dobles a una sala de estar, en la que habrían cerca de treinta hombres y mujeres, todos elegantemente vestidos y algunos con máscaras de disfraces que tomaban cócteles y conversaban apaciblemente.

Otros ya estaban sentados en los extensos sofás de felpa, poco a poco más cerca el uno del otro y se vería claramente a chicas follando en otro rincón. Las mujeres eran más numerosas que los hombres en torno a 2 por uno. Esta era indudablemente mi noche y mi gran acontecimiento. Esto era para nosotros los hombres y estaba muy feliz de formar parte de aquello.

Una vez que mi pareja y yo teníamos una copa de champán en la mano, nos aproximamos a una mujer joven y bella que llevaba puesto un vestido de satén negro que no era suficientemente largo para esconder el encaje cerca de la parte superior de sus medias . Habían chicas bailando realmente preciosas, pero no sé por qué nos fijamos en ella.

Tras una breve charla, me agarró por la corbata y me llevó al sofá como si fuera su perrito, noté entonces la calidez de los otros cuerpos que nos rodean. Podía escuchar risas presumidas por todos lados, así como los besos, los gemidos, los suspiros y el roce de las manos sobre la ropa. Otras parejas se sentaron en torno a los bordes, observando y mirando el uno al otro desde fuera al más puro estilo voyeur.

En escaso tiempo había más manos sobre mí y mis manos se desviaron a otros cuerpos femeninos. Mis dedos rompieron las bragas negras de licra de una de las chicas que había por allí, y la cálida piel de su muslo hizo que mi erección aún fuera mucho mayor.

Después, éramos todos como una sola persona y a la vez que manteníamos relaciones sexuales charlábamos, reíamos y contábamos anécdotas tanto superficiales como interesantes. Fue la mejor experiencia que he tenido jamás y sabía que era el principio de una gran historia, el morbo real de las orgías actuales está en gozar de tanta compañía porque se te quitan todos los prejuicios que puedas tener.